En el país más pequeño del continente, las mujeres continuamos luchando por un presente y un futuro que nos asegure el derecho a la vida, a la salud, la justicia y el disfrute de las libertades ciudadanas. En El Salvador, las mujeres hemos logrado el reconocimiento formal de algunos derechos, traduciéndose en leyes, políticas y la creación de servicios públicos que atienden problemas relacionados con manifestaciones de la violencia machista y algunos ámbitos de discriminación femenina.

Estas conquistas son el resultado de movilizaciones sociales y del impacto de las luchas internacionales. Posiblemente, la conquista más importante es haber logrado que miles de mujeres aspiren a un horizonte distinto de vida, que no se sientan cómodas con el papel subordinado que la sociedad nos asigna y haya crecido en todas el malestar por las desigualdades en que nos toca vivir.

No podemos negar que algunas voluntades y decisiones políticas se han movido desde la histórica indiferencia institucional que predominaba hacia problemas que afectan a la población femenina. Sin embargo, a nivel social, político, económico y cultural persisten estructuras de dominación patriarcal que nos colocan como un país que viola sistemáticamente derechos fundamentales de las mujeres. Tenemos una ley especial que reconoce el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia, pero las manifestaciones de ataques sexual son perennes. Tenemos las tasas de feminicidio y de embarazo en niñas y adolescentes más altas del mundo.

Existe una ley contra la discriminación hacia las mujeres, pero se nos niega la posibilidad de decidir la interrupción de un embarazo. En El Salvador, toda mujer embarazada como resultado de una violación, está obligada a continuar el embarazo.

Somos el país que condena a mujeres hasta a 30 y 40 años de prisión por haber sufrido complicaciones obstétricas donde murieron sus hijos e hijas en las últimas semanas de embarazo, tras haber sido acusadas inicialmente de aborto y llevadas del hospital a la cárcel. Son jóvenes, viviendo en situación de pobreza, a quienes se viola el debido proceso, la presunción de inocencia y el derecho a la seguridad jurídica. Son Las 17, actualmente condenadas, cumpliendo penas carcelarias de 30 años por delitos que no cometieron.

Sabemos que las salvadoreñas no somos las únicas que enfrentamos graves situaciones de opresión, que muchas mujeres en el mundo están luchando. Por eso, nos estamos preparando para este 8M. Vamos a movilizarnos y ser parte de la huelga mundial por los derechos de las mujeres y exigir que la Asamblea Legislativa local repare el daño que nos hicieron hace 20 años, aprobando la reforma de ley que penaliza absolutamente el aborto.

Columna de opinión de Morena Herrera, activista feminista y defensora de Derechos Humanos (El Salvador).